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No os pido más de que le miréis

En los escritos teresianos encontramos un Dios que educa en su Palabra y lleva siempre a la comunión con los hermanos. Este Dios que habita en el interior está ansioso de que captemos su presencia, su llamada, su silbo amoroso, su mirada de amor y misericordia: Si pudiere ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con Él (V. 13,22).

En la experiencia de la mirada es donde se teje el diálogo amoroso, la certeza vocacional, el sentido de la vida las respuestas e interrogantes fundantes.

No os pido ahora que penséis en Él ni que sequéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro pensamiento; no os pido más de que le miréis ( C. 26, 3).

La mirada constituye la esencia del autoconocimiento, mirarlo y dejarse mirar, para que la verdad personal se convierta en entrega generosa y donación. Sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped ( C. 28,2).

Mirar es entrar en la realidad y estar atentos a sus desafíos. La experiencia teresiana nos coloca ante una mujer que supo entrar en los acontecimientos con una mirada lúcida y penetrante, para dejarse tocar por ellos y actuar de acuerdo a su estado de vida. Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo… No es tiempo hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia ( C.1,5).

Esto comporta el compromiso de caminar con los ojos puestos en la realidad, conocer las situaciones, no ser indiferentes, sabiendo que hay una respuesta personal que nadie dará por mí. De esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras (7M 4,6).

 

- Llamados a entrar en la realidad para caminar atentos a sus desafíos

Poned los ojos en el crucificado y se os hará todo poco

Como la libertad es una conquista permanente, Teresa parte de la certeza de que el hombre no es libre sin Dios y en este camino de seguimiento más que llevar, se trata de aprender a dejar entrando en la dinámica del desasimiento.

Primer encuentro: Ser libres para liberar

Tengo para mí que la medida de poder llevar gran cruz o pequeña, es la del amor

 

Lo primero es sabernos portadores de la libertad. Ser libres es hacerse esclavos, es reconocer a Dios como dueño, centro y referente. ¿Sabéis que es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la cruz, porque ya le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como Él lo fue (7M 4,8). Esto requiere un cambio de perspectiva en nuestra mentalidad poco acostumbrada a un lenguaje radical, hoy más que nunca, en que lo definitivo y lo para siempre ha perdido valor y riqueza, pero la radicalidad lleva en sus entrañas un aprendizaje liberador:

- Radicalidad: aprender a ser esclavo. Es como dice Teresa pasar de las palabras a las obras con un ejercicio de amor: Tengo para mí que la medida de poder llevar gran cruz o pequeña, es la del amor (C. 32,7).

- Las posesiones : aprender a estar libre ante las cosas. Es ser Señor de sí mismo, pero el verdadero señorío es interior, está en la postura de dominio y libertad que todos adoptamos ante las cosas que el mundo nos ofrece; Hay que aprender a usarlas sin perder la libertad, aprovechando lo necesario para una vida sencilla y simple. Un señorío para tener en poco las cosas de los bienes temporales ( F.15,15).

- Las relaciones : aprender a ser libre frente a las personas. Teresa sabe mucho sobre este campo, su aprendizaje ha sido doloroso pero liberador. De carácter extrovertido, con gran sentido de adaptación a cualquier persona y circunstancia, ella sabe que en su afán de agradar y dar contento está su flaqueza: Tenía una grandísima falta de donde me vinieron grandes daños, y era ésta: que como comenzaba a entender que una persona me tenía voluntad y si me caía en gracia, me aficionaba tanto, que me ataba en gran manera la memoria a pensar en él ( V.37, 4-5). Por eso se centra en la humanidad de Cristo, ahí están canalizadas sus energías, desde Él aprende a relacionarse, elegir y madurar sus amistades: Puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada humanidad y traerle siempre consigo y hablar con Él, pedirle para sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con Él en su contentos y no olvidarle por ellos, sin procurar oraciones compuestas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidad (V.12,2).

- El discernimiento: aprender a ser libres frente a sí mismos. Es entrar en la propia casa para escucharnos con serenidad y convertir las voces del egoísmo en voces de amor. En nuestro interior están las raíces de todas nuestras actitudes y comportamientos. La cultura de la imagen, del placer que deforman y esclavizan la mente requiere de nosotros la capacidad de discernir.

 

Segundo encuentro: Los compañeros de camino, la comunión

Obras quiere el Señor

Teresa sabe que así como toda persona tiene vocación de interioridad por el Dios que la habita, también tiene vocación de comunión, por la dimensión social que la capacita para darse y entregarse al amor de los prójimos.

Dios nos creó para la comunión con Él en Cristo, para identificarnos con sus sentimientos, pero este camino de identificación sufre variaciones, logros, rupturas impensables y necesarias, sin embargo todas y cada una de ellas son sendero de libertad.

La caridad para Teresa significa adoptar con los demás la actitud que caracterizó a Jesús. De aquí se desprende una realidad fundante para todo peregrino de la libertad: Los otros, mis hermanos están presentes en nuestro camino y sólo el amor nos abre a la alteridad. A este respecto cuatro principios teresianos sobre el amor nos pueden ayudar:

- La Raíz del amor es Dios . Que si no es naciendo de raíz del amor de Dios, que no llegaremos a tener con perfección el del prójimo ( 5M 3,9).

- El maestro del amor es Cristo. Oh precioso amor, que va imitando al capitán del amor, Jesús, nuestro bien ( C. 6,9).

- Las actitudes de vida, reflejo del amor. Obras quiere el Señor; y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te de nada perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a ti (5M 3,11-12).

- El amor lleva el sello de la cruz. Porque si le ven torcer el camino, luego se lo dicen, o alguna falta porque cobra interés por el otro y su crecimiento. Digo traen bien pesada la cruz ( C. 4,7).

Una propuesta de acompañamiento que se ofrece para seguir caminando, creciendo, buscando y encontrando la libertad que es don y tarea y que hoy buscan tantos jóvenes, que prisioneros de una sociedad de seudas libertades no sabe saciar un corazón inquieto y sediento de la VERDAD.

Ahora comenzamos, y procuremos ir comenzando de bien en mejor. (Teresa de Jesús)

 

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Chile 2011